Hay algo paradójico en el ascenso de Augusto Cury, de 67 años, en la carrera presidencial brasileña. Este candidato, que se presenta como el hombre capaz de pacificar un país políticamente enfermo, se ha convertido en cuestión de días en uno de los fenómenos más controvertidos de las elecciones en Brasil de 2026.
Psiquiatra, escritor de libros de desarrollo personal, conferencista y empresario, Cury nunca había ocupado un cargo electivo. Hasta hace pocas semanas era prácticamente un desconocido para el gran público. Ahora aparece tercero en algunos sondeos, detrás del presidente Lula y de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente condenado Jair Bolsonaro.
Archivo. El candidato a la Presidencia de Brasil Augusto Cury habla en un evento de la Unión Nacional de Entidades del Comercio y Servicios (UNECS).
Su proyección ha sido vertiginosa. En la encuesta de BTG/Nexus, divulgada el 31 de agosto, Cury pasó del 2% al 11% en las intenciones de voto en apenas una semana. En el sondeo AtlasIntel/Bloomberg también avanzó con fuerza: del 1,6% al 7,8%.
Este psiquiatra intenta posicionarse como la tercera vía brasileña. La pregunta que se hacen ahora analistas y periodistas es cómo alguien sin trayectoria política pudo crecer tan rápidamente.
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La respuesta comienza mucho antes de que Cury entrara en política. Su nombre ya era conocido por millones de personas por su trayectoria como psiquiatra, consolidada durante décadas alrededor de libros, conferencias y cursos sobre emociones, ansiedad, relaciones humanas y desarrollo personal.
Cury dice haber publicado más de 70 títulos, como 'El vendedor de sueños' y 'Ansiedad: cómo enfrentar el mal del siglo'. El candidato afirma también que ha vendido unos 42 millones de volúmenes en cerca de 70 países, una cifra que la agencia Reuters no pudo verificar.
El candidato presidencial brasileño Augusto Cury, del partido Avante, asiste a un acto de campaña electoral en una feria agroindustrial en Esteio, Brasil, el 1 de septiembre de 2026.
Una de las particularidades de esta candidatura es que Cury no necesita construir desde cero un reconocimiento nacional. Durante más de 20 años, ha sido una figura conocida en programas de televisión y eventos empresariales. Antes de pedir votos, Cury ya había creado una audiencia y había construido una considerable fortuna.
El ahora aspirante presidencial declaró ante la Justicia Electoral el mayor patrimonio entre los candidatos: 242,3 millones de reales (unos 44 millones de dólares). Cury atribuye su riqueza a su actividad empresarial, editorial, inversiones y negocios relacionados con la educación.
Su salto a la fama se dio tras el primer debate presidencial televisado de la campaña, celebrado en la 'TV Band' el 23 de agosto.
Solo acudieron tres de los seis candidatos invitados. Los dos favoritos, Lula y Flávio Bolsonaro, y Romeu Zema, exgobernador del estado de Minas Gerais, resolvieron no confrontarse. Cury aprovechó esta coyuntura atípica para desempeñar un papel que repetiría en entrevistas y en las redes sociales: el del candidato sereno que intenta situarse por encima de la pelea entre derecha e izquierda.
El contraste fue particularmente evidente frente a Renan Santos, candidato antisistema que utiliza un lenguaje más agresivo contra Lula y contra la política tradicional. En uno de los momentos más comentados del debate, Cury le reprochó su tono: "Tienes un nivel de agresividad que me asombra". Esta frase se convirtió en su tarjeta de presentación. Cury escogió no ser el candidato que iba a gritar más fuerte, sino el que intentaba devolver equilibrio a una discusión dominada por los enfrentamientos entre lulismo y bolsonarismo.
Pero el debate tuvo otra consecuencia. Las búsquedas sobre Cury comenzaron a dispararse en Google y, después, sus redes sociales explotaron. Entre el 16 y el 29 de agosto ganó casi 2,5 millones de seguidores en Instagram, según el Instituto Democracia em Xeque. En un único día llegó a sumar 1,2 millones. La comparación con sus rivales es llamativa: durante ese mismo período, Flávio Bolsonaro sumó alrededor de 280.000 seguidores, Renan Santos unos 158.000 y Lula cerca de 100.000. Cury superó los 10 millones de seguidores en Instagram, acercándose a las cifras de Flávio Bolsonaro y convirtiéndose en uno de los políticos brasileños con mayor audiencia digital.
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Su espectacular crecimiento en las redes sociales ha despertado sospechas entre sus adversarios y analistas de redes sociales. Un estudio divulgado por la revista 'Veja' encontró una serie de anomalías. Cury llegó a sumar 1,6 millones de seguidores en 24 horas y 2,4 millones en 72 horas. Según el informe, la curva es compatible con posibles irregularidades en la adquisición de seguidores y señala patrones atípicos en los comentarios. Sin embargo, esos indicios no constituyen por sí solos una prueba de compra de seguidores o utilización de 'bots'.
La campaña de Cury niega que haya cometido irregularidades. Su explicación es mucho más sencilla: millones de brasileños, cansados de la polarización, habrían encontrado de repente una alternativa.
"Ha sido revolución totalmente silenciosa", afirma Cury para explicar el fenómeno.
La investigación de 'Veja' plantea, sin embargo, que también existen indicios de actuación coordinada de influenciadores. La legislación electoral brasileña prohíbe pagar a personas o empresas para hacer propaganda electoral en internet, aunque sí permite manifestaciones espontáneas de apoyo.
En el centro de esta explosión digital aparece otro personaje conocido de las elecciones brasileñas: Pablo Marçal. Empresario, influencer y excoach, Marçal fue uno de los grandes fenómenos de las redes en las elecciones municipales de 2024. Su figura está asociada a un incidente durante un debate electoral, cuando otro candidato le agredió con una silla por considerar que estaba siendo acusado injustamente de acoso sexual.
Posteriormente, Marçal se postuló como precandidato presidencial, pero fue inhabilitado políticamente tras una condena por uso indebido de los medios de comunicación y abuso de poder político y económico durante su campaña a la alcaldía de São Paulo en 2024. La Justicia Electoral consideró ilegal su estrategia de incentivar a colaboradores y seguidores a difundir fragmentos de sus videos en las redes sociales a cambio de remuneración económica, premios y sorteos.
Sin embargo, su influencia entre los jóvenes y los usuarios de redes sociales sigue siendo considerable. Fiel a su estilo provocador, este año Marçal registró su candidatura a la Presidencia ante el Tribunal Superior Electoral y ahora intenta mantener un cierto protagonismo a pesar de que la Justicia no haya reconocido su candidatura.
El entonces candidato a la alcaldía de São Paulo, Pablo Marçal saluda a seguidores durante la votación para las elecciones municipales el 6 de octubre de 2024, en el Centro Educacional Brandão en São Paulo (Brasil).
Marçal apoyó a Cury en una transmisión en directo poco antes del debate de la Band. Según varios analistas, ayudó a conectar al escritor con una audiencia digital más amplia.
Cury se define como un candidato de centro. Resume su estrategia como "mente capitalista y un corazón que cuida a los desvalidos". Su discurso mezcla elementos contradictorios. Quiere reducir el tamaño del Estado, pero propone nuevas estructuras gubernamentales, como un ministerio dedicado a la inteligencia artificial. Critica la polarización de la derecha, pero algunas de sus propuestas sobre seguridad pública y economía encuentran eco entre electores conservadores.
El politólogo Jorge Chaloub, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, describe a Cury como una figura ubicada en el campo de la derecha, pero capaz de mantener una cierta ambigüedad ideológica. Su discurso de pacificación y su estilo de autoayuda le permiten ocupar un espacio que otros candidatos de centro no consiguieron alcanzar.
Cury empezó su entrevista con el 'Jornal Nacional' del 29 de agosto de una manera poco habitual. Dedicó sus primeras palabras a Jesucristo, a quien describió como alguien que había influido en Tolstói, Gandhi y Martin Luther King.
"Agradezco mucho el hecho de que él también me haya inspirado", afirmó. El psiquiatra, que fue ateo, se convirtió en un "cristiano sin fronteras" tras estudiar la personalidad de Jesús desde la psicología. Esa historia le conecta con el potente electorado cristiano de Brasil.
El candidato Augusto Cury, que fue ateo, se convirtió en un "cristiano sin fronteras" tras estudiar la personalidad de Jesús desde la psicología. Esa historia le conecta con el potente electorado cristiano de Brasil. En la imagen, una persona carga una cruz durante la peregrinación hacia el Santuario del Bom Jesus este viernes, en Pirapora de Bom Jesus (Brasil).
De otro lado, defiende el uso de la tecnología para solucionar problemas históricos de la sociedad brasileña, como el acceso a la sanidad. Propuso que el 80% de las consultas del SUS, el sistema público brasileño, sean realizadas con telemedicina. Cuestionado acerca de la viabilidad de implementar este cambio, no supo responder cómo lo llevaría a cabo. También sugirió combatir la violencia doméstica mediante una aplicación para teléfonos móviles conectada a drones capaces de acudir hacia una mujer que active una señal de emergencia. La idea fue ridiculizada en redes sociales.
Cury también figura por demostrar desconocimiento sobre la deuda pública. Afirmó que cada niño brasileño nace debiendo al menos 50.000 reales (9.700 dólares), pero más de un experto cuestionó este el cálculo de dividir el monto total de la deuda por el número de habitantes de Brasil, algo considerado una lectura superficial de la dinámica macroeconómica. También generó perplejidad su propuesta de reducir los cargos de libre nombramiento y de ministerios para intentar equilibrar las cuentas públicas.
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Augusto Cury es un novato político, pero un experto en la construcción de una audiencia. Gracias a su actividad de escritor y conferencista, ya tenía algo que muchos candidatos necesitan años para construir: una marca personal. La exposición televisiva y en las redes sociales ha hecho el resto. Ahora su campaña intenta ocupar un espacio muy específico: el del elector que rechaza tanto a Lula como a Flávio Bolsonaro, que está cansado de los insultos y enfrentamientos políticos y que, al mismo tiempo, no necesariamente quiere un candidato tradicional de centro.
El candidato presidencial brasileño Augusto Cury, del partido Avante, asiste a un acto de campaña electoral en una feria agroindustrial en Esteio, Brasil, el 1 de septiembre de 2026.
En esa fórmula caben la espiritualidad, la autoayuda, el emprendimiento, la tecnología, el discurso empresarial y la promesa de una política menos agresiva. La gran incógnita es si ese cóctel puede transformarse en una candidatura presidencial competitiva o si se trata de una burbuja digital. Por lo pronto, este psiquiatra ha llegado a la política diciendo que Brasil necesita cuidar sus emociones y ya ha conseguido algo que parecía improbable hace apenas unas semanas: convertirse en una de las principales novedades de una elección dominada por Lula y Bolsonaro.
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